Blogia
Homeostasis

La Medicina institucional frente a la tradicional: de la aptitud a la actitud

La Medicina institucional frente a la tradicional: de la aptitud a la actitud

 

 Por: Narces Alcocer Ayuso

INTRODUCCIÓN

 La institución representa a grandes rasgos una organización más o menos ordenada considerando fundamentalmente una regla o serie de reglas. Tal magnitud puede alcanzar que de no ser por la libertad en la autodeterminación de los pueblos, todo el género humano conformaría una sola institución. Para bien o para mal el contexto de institucionalidad se limita a las propias naciones a lo máximo,  sin embargo los intereses se generalizan en demasía y el bienestar de todos es mínimo. Ante ellos se forman los grupos internos.

La Medicina entendida como ciencia humana y científica es una institución, es el “arte de curar” ancestral; cada cultura formalizó una estrategia médica en su sociedad que alcanzó grados diversos. Cuando se encontraron las culturas y por tanto sus medicinas, se enriquecieron. Sin embargo, el mismo dominio del grupo denominado “occidental”, que se gestó en las culturas “clásicas” del Mediterráneo y floreció con la cultura árabe hasta llegar a Europa desde donde se extendió a gran parte del globo, fue tal que ha desplazado a muchas medicinas de otras culturas y solamente las más fuertes desde un punto de vista social (y no biomédico) son las que pudieron sobrevivir hasta nuestros días.

Esto es un ejemplo de que la práctica médica tiene fuerte componente social además de antropológica, y la importancia de su ejercicio en tales grupos se fundamentalmente en más que una simple terapéutica.

Se considera medicina tradicional al conjunto de sistemas de atención a la salud que tiene sus raíces en profundos conocimientos sobre la salud y la enfermedad que los diferentes pueblos han acumulado a través de su historia, fundamentados en una interpretación del mundo (cosmovisión) previa a la hegemonía cultural occidental.

 Los tratamientos de la medicina tradicional incluyen: terapias con medicación, si implican el uso de medicinas con base de hierbas, partes de animales y/ o minerales, y terapias sin medicación, si se realizan  sin el uso de medicinas, como es el caso de las terapias manuales y las terapias espirituales.

Realmente cada medicina por sí sola goza cabalmente de cierta formalidad por todo cuanto es. El grado de institucionalidad dependería de la decisión social para alcanzarlo, basándose en la disposición de los recursos, los aspectos sociales, el respeto de los demás que se basa en derechos y garantías individuales. Nuestro país siempre se ha incluido en ambas vertientes, tanto la medicina tradicional como la “occidental”, o al menos es lo que se identifica

Los rasgos que definen los sistemas terapéuticos y modos de curar tradicionales se basan en la adaptación a ámbitos y contextos socioculturales y geográficos concretos que responden a las necesidades de salud de los grupos, algo así como una Atención Primaria en Salud, salvo por el hecho de no contar con plena fundamentación científica.

Gracias a ello comprendemos que la utilización de recursos naturales (plantas, minerales, animales, agua, etcétera), no es por mero capricho como con algunas terapias alternativas que sólo las usan como medios técnicos, pues en el caso de la medicina tradicional se aplican como elementos íntimamente asociados a la cultura y al mundo de creencias, como parte del medio al que pertenecemos.

Las medicinas tradicionales son medicinas naturales (físicas y biológicas) a la vez que simbólicas (culturales), teniendo en la tradición el apoyo no sólo para la recepción de información sino para su organización, modo de proceder y segura transmisión.

Su enfoque se basa en la correcta interacción de los medios interior y exterior, dependiendo del equilibrio o desequilibrio de los mismos el estado de salud. Incluso este punto de vista no es general, sólo es una pauta paran buscar los componentes de aquel desequilibrio que puede ser enfermedad (o entendido como tal) en un caso -para alguien concreto- o en una situación específica puede resultar salud  para otro, o en otra situación diferente; y viceversa.

DE LA APTITUD A LA ACTITUD…

Las medicinas y terapias tradicionales son conjuntos de conocimientos médicos, que existieron mucho antes del desarrollo y la difusión de la medicina actual. Reflejan la cultura de una sociedad, su historia y creencias.

 Aunque no existe una definición estricta para la medicina tradicional, por lo general incluye cualquier práctica de conservación de la salud o curación que no forme parte de la medicina alopática u occidental propiamente dicha. Sin embargo no debemos girar la vista hacia las terapias alternativas…

 Al remitirnos al término “alopático” podríamos encontrar ambigüedad en el término, se refiere a “lo contrario de la enfermedad”, centrándose en una estrategia basada en hacer justo lo opuesto al síntoma: para la elevación de la temperatura otorga algo que la haga descender. De esta manera, comprenderíamos que, a diferencia de las “medicinas alternativas”, la medicina tradicional sería también alopática, con la única diferencia de ser más empírica que la llamada “occidental”.

 En la mayoría de los países donde ésta última tiene responsabilidad exclusiva en la atención de salud en el ámbito nacional, la medicina tradicional y otras terapias se consideran complementarias con respecto a los sistemas nacionales de salud.

“Ahí está, puedo verlo, el humo delator de la actividad humana, unos metros más y el pueblo aparece, cuatro casas de paja adormecidas por una humedad insana, cerdos y pollos corriendo sin descanso, el descomunal árbol de zapote que bien podría convertirse de noche en algún demonio, y ese olor podrido que envuelve el ambiente como un sudario fúnebre. Sí, esto es San Dimas…

La mayoría de las prácticas tradicionales aún no han encontrado su lugar en los hospitales o las consultas de los médicos occidentales. No obstante, amén que los nuevos centros de medicina integrada ofrecen una combinación de tratamientos convencionales y tradicionales, la interacción entre las dos disciplinas ocurre en el exterior, en el claustro familiar. En este lugar puede recibirse, además de un punto de vista ordinario o receta para un medicamento contra el dolor, masajes, inciensos, limpias y oraciones para tratar problemas de una misma naturaleza.

 Ahora bien, aunque la demanda de ambas terapias crece en muchos países, las tendencias son diferentes. Mientras en los países desarrollados la tendencia responde a la búsqueda de una mejor atención de salud y se relaciona con aspectos económicos debido a la correspondencia de los costos de investigación y la implementación de alta tecnología, en los países en vías de desarrollo, independientemente que se tratara de la única fuente disponible para la atención de salud en determinados sitios, la tendencia acusa a una característica básica de las medicinas tradicionales que es su fuerte y necesaria vinculación con lo cultural del ser, tanto individual como social-grupal. La tradición se convierte en la depositaria y transmisora del saber acumulado y legado a través de generaciones, la confianza es plena.

La casa ya la había visto descrita en los cuentos de brujería de Pío Baroja, algo así como el templo de la secta de las sorguiñas, morada selvática, las paredes de bajareque llenas de tizne, el piso de tierra, más bien de lodo, techo de guano y otras ramas secas, ollas, vasos, cuadros y quién sabe cuántas cosas ocultas por el misterio de la oscuridad. La comadrona de melena blanca, sobándole el vientre a la parturienta, murmurando algo en un idioma que sólo los murciélagos serían capaces de entender, la familia alrededor de ellos y el perro lamiendo compresas sucias con gestos de agrado…

Se ha desarrollado a lo largo del tiempo un sistema sanitario biomédico, cosmopolita basado principalmente en una eficacia biológica y donde aparece como valor más característico. Aún así, la explicación de la enfermedad y su etiología no pueden ser reducidas únicamente a un problema biológico o de disfunción o alteración orgánica del individuo, de eso no duda ni el más enajenado organicista. La enfermedad posee también un significado y un sentido dentro del contexto social y cultural del propio individuo y del grupo que le rodea, pero ¿en qué proporción se considerará para el abordaje de alguien que demanda atención? el modelo biomédico minimiza la parte de la causalidad social y cultural en el origen de la enfermedad, su diagnóstico o tratamiento, y la práctica clínica actúa en este sentido en los agentes sociales como medida de control social como señalan diferentes autores.  

Los miembros de las culturas tradicionales sí necesitan de vacunas, sí existe en ellos la desnutrición y "subdesarrollo" desde un amplio contexto, ignorancia y atraso; pero estos problemas del llamado “tercer mundo” no se deben a que las sociedades tradicionales hayan llegado a ese extremo por inercia sino porque en el pasado el choque del mundo occidental (hegemonista) con las demás civilizaciones del planeta produjo la ruptura de la integridad estructural y funcional de esas sociedades.

¿Quién es la embarazada? esa cara la he visto en la consulta. Rebeca, una adolescente despampanante, 14 años y una reputación que ningún ser humano desearía, blanco perfecto de miles de chismes e historias inmorales; qué juicios tan gentiles, rumores carnales, relámpagos de blasfemia, o es la lujuria que hoy cobra su desquite. Pero mira las ventajas de una mente abierta, yo atiendo el nacimiento de ese niño así sea hijo de Satanás…

Para algunos ninguna medicina es mejor o peor. Un sistema terapéutico es válido si resuelve o ayuda a resolver problemas de salud. Las medicinas tradicionales por lo general miran más allá del cuerpo intentando reequilibrar tanto los aspectos observables (afectados) como los de índole espiritual, vivencial y anímica.

 El reproche más grave que le hace a la medicina occidental es que no trata al paciente más que a través del síntoma y descarta su identidad y condición de individuo social. La simple observación de las prácticas actuales demuestra que este señalamiento es justificado. Pero, incluso si el médico no concibe al paciente más que como “aparatos” y no como “unidad” ¿habríamos de depositar nuestra confianza en cualquier curandero bajo el pretexto que comprende al individuo culturalmente?

 Ante el incremento de las restricciones, el paciente tiene tendencia a escaparse hacia los espacios de libertad médica que representa la medicina tradicional,  ello con la anuencia de los organismos gubernamentales y de otra índole social que, por lo menos en lo inmediato,  no se tienen que hacer cargo del costo de cierto tipo de atención.

 Con gusto le daré mi opinión, me dirijo a doña Ermila mostrando mi estetoscopio Pinard bien cromado. Reviso a la paciente primigesta, fecha probable de parto: ayer; examen físico que revela producto transversal con importante actividad uterina, cérvix con dilatación completa, no hay frecuencia cardiaca ni movimientos fetales, no mames, ya viene…

 Se acusa a la medicina clásica de sostener ambiguas relaciones comerciales, se coluden médicos, enfermeras, químicos, etcétera, y ahí recae la pérdida del vínculo médico-enfermo en el que se basaba la demanda de la atención, y que se fracturó dejando dos partes cuyos intereses resultan a veces contradictorios. La elección de una medicina diferente, de un experto en particular, autoriza al sujeto a adaptar y graduar su respuesta la patología que padece.

 Se les llama curanderos, médicos tradicionales o terapeutas tradicionales a las personas que ofrecen algún servicio para prevenir las enfermedades, curar o mantener la salud individual, colectiva y comunitaria, enmarcada su práctica y conocimiento en la cosmovisión del sistema  tradicional.

 En todas partes, la medicina es una empresa moral y por ello da inevitablemente contenido al bien y al mal. En cada sociedad es como la Ley y la religión: define lo que es normal, propio o deseable, de ahí que los médicos tradicionales no se limiten al uso de yerbas o brebajes, su función corresponde a prácticas místicas aplicables en casi todos los aspectos de la vida.

 Todo acto técnico que proceda de un curador popular se socializa y culturaliza en la práctica concreta con el paciente, tanto desde la perspectiva del enfermo y su grupo, como desde el funcionamiento de la institución médica. En la medicina maya, las causas que atentan contra el equilibrio corporal pueden ser producidas por el propio organismo, por su familia, por la comunidad, por la naturaleza y por las distintas divinidades.

Esta mal el niño, probablemente muerto, urge sacarlo de ahí y tiene que ser mediante operación cesárea, ese es mi diagnóstico, qué fácil, no hay más que llevarla al hospital, porque San Mateo dice que Dios pide cuentas según los talentos que nos ha dado, y el maestro Urzaiz que no alucinemos, si algo anda mal mejor envíala a la ciudad; pero la hechicera tiene un plan, así que empieza la función, si ya murió el bebé, también morirá la madre, confían demasiado en la oración del niño de la estrella, y aquí hacen falta dos milagros. Bajan a la mujer de la hamaca, la acomodan en una batea de agua helada mostrando pilo erección, la partera sazona la pócima con plantas desconocidas dando paso al abracadabra, y que cuando el todo poderoso creó al hombre al punto lo hizo exento de miserias, ya lo sé, pero ese útero va a estallar, siguen las contracciones…

Aunque hace muchos que se instauró la protección y asistencia sociales y se integró progresivamente al ciudadano a un sistema de atención adaptado a su condición como trabajador y como integrante de una sociedad, la medicina tradicional que se ha utilizado ancestralmente por la población hasta fechas recientes inicia un proceso para lograr su reconocimiento y el marco jurídico adecuado para su desarrollo en coordinación con las instituciones de salud.

 La crisis en la prestación de los servicios de salud llevo la visión integradora de la medicina en una utopía, la seguridad en salud se pasó al seguro contra la enfermedad, y los intereses presupuestales pudieron más que los imperativos de salud.

 La persistencia de los mitos con su poderosa sugestión, permitió alimentar las dinámicas de la charlatanería, viéndose como una forma de reivindicación en contra de las estructuras de poder. El individuo, como víctima de un sistema social productor de patología, tiende a reapropiare de su espacio corporal y a sustraerlo de las acciones que el grupo ha instaurando como estándar. Este enfoque autoriza discursos de connotación filosófica, metafísica, política, incluso moralizadora.

 Llega la hora de la noche, alta y sin luna, como un tormento que atrae el pájaro malo, así que los rezos van galopando, intento acercarme y recibo una mirada de orgullo, hay que sacarlo, hay que sacarlo. Soy creyente absoluto de la ciencia, como Canek, no pregunto por los que se van, esa criatura no nacerá a menos que lo tomen a pedazos, que la luz del sol no nos sorprenda en este templo de sarcasmo y gloria, que despierte en mi casa y ría como loco una vez más

 El bienestar de las personas antes de la llegada de los europeos a América, dependía e iba íntimamente ligado al cielo, al sol, a la brisa del mar, a las precipitaciones en la montaña, a los cursos de agua, a los cerros, a los pájaros, al árbol. Y junto con lo que les rodeaba, perceptible por los sentidos, estaba el amplio y variado mundo de lo sobrenatural.

 Naturaleza y cultura, cultura y naturaleza sujetan como pilares robustos y fundamentales. Cualquier desequilibrio en los planos de la realidad amplia (física-simbólica) es, o puede ser, causa de enfermedades en las personas.

 En la cultura maya peninsular, este desequilibrio puede expresarse en tres formas: las enfermedades naturales, las enfermedades sobrenaturales y las enfermedades relacionadas con la mujer embarazada.

 Las enfermedades naturales están relacionadas con todo fenómeno físico: frío, calor, aposturas y alimentación. Lo sobrenatural es una dimensión creada por la cultura, la cual asigna curaciones específicas a las persona. Las enfermedades sobrenaturales se relacionan con la construcción sociocultural de un grupo y la influencia de los espíritus malignos.

 Las enfermedades en la mujer embarazada poseen características muy especiales ya que son dos personas en una, la mujer en sí misma y el niño o niña dentro de su matriz. Ambas personas se afectan ante las agresiones naturales y sobrenaturales y por lo mismo adquiere particular descripción.

 Abro los ojos pero sigo ahí, en la epopeya obstétrica, ya sin cantos ni oraciones, no hay yerbas ni rituales, miro a Rebeca, madre por el dolor hermosa, tranquila, abrazando un producto muerto, bebe atole nuevo, le ofrecen pan de maíz y sal. Quiere mi corazón apartarse de los mitos errantes, así que ¿dónde está doña Ermila? ¿cómo obtuvo a niño? Hermana de los genios, vieja tramposa, que no se vaya, que me enseñe la melodía encantada que dé gozo a la flor y luz al pensamiento. La veo marcharse con el sol que se cuela en el paisaje haciendo rubio su pelo, pero atónito de la envidia no puedo dar un paso, cualquier médico sensato hubiera afirmado que el caso era 100% quirúrgico, pero ese indeclinable apego a lo propio me ha hecho perder esta vez…

Cada sociedad evoluciona y se desarrolla siguiendo sus patrones y caminos de evolución, lo que se puede observar desde una aproximación antropológica-sociológica es que las tradiciones terapéuticas no occidentales son a sus culturas respectivas lo que la medicina occidental es a la suya. Aquéllas son diferentes a ésta, pero no inferiores ni atrasadas. Y, siguiendo su línea natural de evolución, no tienen que concluir en una medicina científica al modo occidental que tiene como resultado ciertas cuestiones en el desarrollo del trabajo asistencial.

El punto es que las medicinas tradicionales no son sólo elementos que ayudan a perpetuar la cultura y a mantener la cohesión e identidad de los grupos, también curan, es decir, que tienen, como tal fines y objetivos concretos y específicos, el principal: prevenir la enfermedad y ayudar al restablecimiento de la salud de su gente.

Y a diferencia con la medicina occidental es que la responsabilidad es compartida, el paciente no le achaca toda al curandero como al médico, y ello establece un compromiso real desde cada una de las partes, en cualquier aspecto equivalente a los tres tipos de atención médica actual: preventiva, curativa y de rehabilitación. Ahí está el éxito y persistencia de la medicina tradicional y las alternativas.

Entre una docena de carpetas busco un documento para certificar al mortinato, y mientras comienzo la macabra rutina de hacer legal la defunción, ronda por mis nervios el inevitable ¿por qué estoy aquí? Demos fin a esta pena, es momento de volver al mundo, pero mi sentido del humor, que va del rojo al solferino instinto de supervivencia, me impide escapar sin darle un vistazo al producto, para calcularle la edad gestacional, qué buen truco, porque la madre lo ofrece como si estuviera vivo, y yo lo tomo piadosísimo en virtud del fracaso. Renuncio al análisis, pues el paño enseña una gota de aliento, es sangre, los miembros desarticulados, me da náuseas, la vieja lo saco a pedazos, yo mejor me largo de aquí.

Ricardo Pech George

Herodes obstetra

(Fragmento)

 

Es interesante cómo la fría e insensible medicina occidental, con su imagen hospitalaria y lucrativa, de medicamentos caros y máquinas sofisticadas, siempre aparezca así de drástica. Se ha visto que en países desarrollados, la opción por la medicina tradicional es producto también de esa búsqueda de una mejor atención, realmente integradora, pero debemos comprender que son precisamente esos países en donde predomina la atención curativa, hospitalaria y costosa que es prácticamente inaccesible para la mayoría de la población mundial.

Por el contrario, en los países en vías de desarrollo, aunque existe ese tipo de atención, la tendencia actual es centrarse en la rama preventiva, y ninguna estrategia de Salud pública puede efectuarse sin antes considerar aspectos tan importantes en la salud como los psicosociales.

Ello, y el declive de la imagen sacrosanta del médico de bata blanca ocasionada por la materialización de la práctica médica, de la dependencia al criterio ajeno estrictamente científico y de pares, ha hecho reconsiderar la actitud de los profesionales de la salud y comprender la importancia de una visión integral.

Lamentablemente el hecho de reconocerlo y comprenderlo no implican en realidad aceptarlos y aplicarlos. Eso establece una “comunicación” unidireccional pues se somete a la postura del profesional el paciente en la negociación de su propio proceso patológico y su respectiva terapéutica, puesto que se siguen únicamente líneas de tratamiento basadas en la eficacia biológica.

La comunicación en lo tradicional es pluridimensional, en el sentido del análisis de la enfermedad, el proceso de comunicación es bidireccional, sobre la base de la negociación entre el brujo y el paciente, y por último es un modelo que queda abierto a otras posibilidades terapéuticas.

De cualquier manera, recordando el dicho que recita “no haber enfermedades sino enfermos”, se trate del uso de plantas o cualquier charlatanería, el paciente lo acepta. Quizá se trate de un simple dolor de espalda, pero el hecho que alguien lo escuche, que considere la importancia de los roles, de las estructuras social y tal o cual grupo que comparte algo más que la cultura, aunque no cure, bien reconforma…

El significado de lo cultural debe observarse en los procesos específicos -en nuestro caso a través del proceso de salud/enfermedad /atención-, y en los usos de lo cultural. Si contáramos realmente con una visión integradora, con la actitud y aptitud adecuadas, prevalecería en nosotros una verdadera empatía –entre otros valores- que nos haría por mucho más aceptados que cualquier otro médico empírico.

Pero en lugar de ello tendemos a la negación de lo cultural por parte de la biomedicina, más allá de que la reflexión teórica proponga reiteradamente su recuperación. Por si fuera poco, la institucionalización de la práctica médica, la incertidumbre de la seguridad social y beneficencia pública, han generado la situación actual.

No asumo con ello que la medicina tradicional como medicina alternativa no guarde una utilidad concreta cuando la establecemos desde distintos paradigmas al de la medicina occidental que señala simple y llanamente “curar sin hacer daño”.

E incluso desde ese punto, es difícil dar explicaciones cuando no conocemos del todo la enfermedad, en especial las sociales; lo que para nosotros es malo, para ellos es bueno y se curan así. No debemos negar una realidad que compartimos y escandalizamos cuando no la comprendemos. La medicina occidental, alopática, tecnológica, "moderna" es tan válida como lo pueda ser la medicina tradicional china o la medicina tradicional mexicana.

Mas lo mismo ocurre cuando la medicina occidental se encuentra en ambientes donde predomina la práctica tradicional empírica, presentándose entonces la  imposición de ésta con el criterio de mejor, implicando un acto de orgullo que sólo tendrá reacciones iguales en la otra, fruto de la posición de poder de la medicina en toda sociedad.

CONCLUSIONES

Se ha satanizado tanto a la medicina tradicional en su momento como a la occidental ahora. La cultura de la medicina institucional –se comenta- se encuentra  profundamente enraizada en las personas que han sido formadas en las universidades o los centros de instrucción, predomina en las ciudades y en determinados ambientes de la misma. Poco se estimula una actitud crítica y creativa y más bien se orienta al profesional actual hacia el cumplimiento de normas y protocolos. Esto es tal como la definición que dimos al principio.

Pero si a reglas y organización nos remitimos, la medicina tradicional bien institucionalizada también lo estuvo, casi se extingue y ahora -sólo habiéndose reorganizado como institución- ha logrado sobrevivir, es por tanto también una medicina institucional.

Eso nos dicta que no hay culturas mejores ni peores, ni medicinas peores o mejores desde un punto de vista social. Evidentemente cada cultura puede tener formas de pensar, sentir y actuar en las que determinados grupos se encuentren en una situación de discriminación. Pero si aceptamos que no hay una jerarquía entre las medicinas estaremos postulando el principio ético que considera que todas las escuelas son igualmente dignas y merecedoras de respeto. Esto significa, también, que la única forma de comprender correctamente a la medicina tradicional es interpretar sus manifestaciones de acuerdo con sus propios criterios culturales. Aunque esto no debe suponer eliminar nuestro juicio crítico, pero sí que supone inicialmente dejarlo en suspenso hasta que no hayamos entendido la complejidad simbólica de muchas de las prácticas rituales. Se trata de intentar moderar un inevitable etnocentrismo que lleva a interpretar las prácticas culturales ajenas a partir de los criterios de la cultura del -la persona- intérprete.

Todo es claro ahora: nuestro pasado ya no es un mito, nuestro presente ya es una realidad con nuestra heterogeneidad cultural incluida la medicina, y para nuestro futuro tenemos la total seguridad de que mientras confiemos en nosotros mismos como institución y las que emanen de ello, las respetemos, las toleremos, lo demás surge por sí solo, pues quien no se tenga confianza en lo propio simplemente no funcionará. Es verdad que aunque ponernos de acuerdo todos los médicos –aún dentro de un mismo paradigma- es imposible, la perdurable vida de nuestras instituciones ante ese encuentro de costumbres, empirismo y ciencia fortalece la estructura, mostrándola capaz de sostener la organización social, política y económica del la atención a la salud. Y mientras tomemos las correctas decisiones y hagamos buen uso de nuestros recursos como bien lo dicta la doctrina de atención primaria, con la constante vigilancia a todos los actores, podremos confiar que las cosas andarán con viento en popa, no sólo los indígenas, los ancianos o los pobres sino los ricos, los jóvenes y los más urbanos individuos: todos los mexicanos.N.R.A.A. Mérida, Yucatán a 13 de abril de 2011.

0 comentarios